Mi esposo descuidó su higiene por completo y tras un año de matrimonio tomé la decisión de divorciarme porque ya no podía soportarlo más

Salí con David durante dos años, convencida de que lo conocía a la perfección. Tenía una carrera estable, su propio apartamento, un coche y siempre era atento conmigo. Parecía el compañero ideal para construir un futuro juntos.

Un año después de casarnos, tomé la decisión de divorciarme. La razón era algo que jamás habría imaginado: David dejó de cuidar su higiene personal.

Antes de casarnos, aunque no vivíamos juntos a tiempo completo, pasábamos muchas noches en su casa. Nunca noté señales de descuido. Cuando quedé embarazada, me propuso matrimonio y decidimos formar una familia. Habíamos hablado de tener un hijo en el futuro, pero yo nunca consideré el matrimonio como un requisito indispensable. No creía que cambiara nuestra vida de manera significativa. Sin embargo, estaba equivocada.

Poco después de casarnos, David comenzó a descuidarse. Llegaba a casa del trabajo agotado y se dormía sin cambiarse de ropa ni ducharse. Al principio pensé que era algo puntual, pero con el tiempo, bañarse dejó de ser parte de su rutina. Intenté ser comprensiva y recordarle con delicadeza que debía ducharse antes de dormir.

“Más tarde”, respondía con un bostezo, pero ese momento nunca llegaba. Le pedía que se lavara los dientes o al menos los pies, que empezaban a oler mal. Su respuesta siempre era la misma: que se había olvidado, que no tenía tiempo o simplemente me ignoraba.

Pasaban semanas sin que se duchara, hasta que yo insistía. Y cuando finalmente lo hacía, parecía más una obligación impuesta por mí que un hábito básico de higiene.

Con el tiempo, la situación se volvió insoportable. Me avergonzaba cuando estábamos con amigos o vecinos. El desinterés de David por su propio bienestar hizo que me sintiera cada vez más distante. El amor se transformó en decepción, y luego en asco.

Finalmente, entendí que no podía seguir en esa situación. Es cierto que después del matrimonio las personas pueden relajarse un poco, pero esto era demasiado. Hice mis maletas y me fui, sin remordimientos, sin mirar atrás.

Criar a un hijo sola sería difícil, pero seguir al lado de alguien que ni siquiera era capaz de cuidarse a sí mismo era un peso que no estaba dispuesta a cargar.