Ava nunca imaginó que terminaría enamorándose del hombre con el que sus padres habían concertado su matrimonio. Desde el primer momento en que vio a Walter, sintió algo especial. Su porte elegante, su sonrisa encantadora y su caballerosidad la cautivaron por completo. Aunque al principio había dudado de esta unión arreglada, cada encuentro con él disipaba sus temores y fortalecía su atracción.
Cuando Walter le propuso matrimonio unas semanas después, no lo pensó dos veces antes de aceptar. La boda estaba cada vez más cerca y Ava se encontraba organizando los últimos detalles cuando, durante una visita a una boutique de vestidos con su amiga Hillary, escuchó una conversación que la dejó inquieta.
Dos mujeres hablaban en voz baja pero lo suficientemente alto como para que sus palabras llegaran a sus oídos. Mencionaban a un tal Walter, un hombre atractivo y seductor que estaba a punto de casarse con una joven millonaria. Ava intentó ignorarlo, pero una sensación de desconfianza comenzó a crecer en su interior.
Días después, mientras conducía hacia la mansión de Walter, vio a un grupo de indigentes intentando refugiarse de la lluvia. Bajó la ventanilla para ofrecerles ayuda, pero sus palabras la desconcertaron. Hablaban de un hombre rico que los había salpicado con su auto sin importarle en lo más mínimo su sufrimiento.
Ava sintió una punzada de inquietud. ¿Sería posible que estuvieran hablando de Walter? Se negaba a creerlo. Él siempre había mostrado una actitud generosa, involucrándose en obras de caridad y ayudando a los más necesitados. Pero la duda ya estaba sembrada.
Al llegar a su casa, utilizó la llave de repuesto para entrar sin hacer ruido. Apenas dio unos pasos cuando lo escuchó gritar por teléfono con furia. Su tono era agresivo, lleno de desprecio, exigiendo que ciertas personas fueran retiradas inmediatamente de su propiedad.
Cuando la vio, su actitud cambió al instante. Su rostro se suavizó y le explicó que estaba organizando refugio para los indigentes. Aunque sus palabras sonaban compasivas, algo en su actuación parecía forzado.
Esa noche, Ava le contó todo a Hillary. Juntas idearon un plan para descubrir la verdadera naturaleza de Walter.
Decidió ponerlo a prueba enviando a un actor disfrazado de indigente para que se acercara a él en su cafetería favorita. Ava y Hillary lo observaron desde la distancia. Al principio, Walter pareció amable y hasta pagó la comida del hombre. Pero cuando este derramó accidentalmente café sobre su ropa, su actitud cambió. Aunque se contuvo en público, Ava no se dio cuenta de que, al salir del café, Walter tomó al actor por la camisa y le advirtió con furia que no dijera una palabra de lo ocurrido.
Creyendo que había pasado la prueba, Ava pensó que se había equivocado en sus sospechas. Pero días antes de la boda, un encuentro inesperado la dejó en shock.
Mientras recogía su vestido, una mujer se acercó a ella con urgencia.
No te cases con él. No es quien crees que es, le advirtió antes de marcharse sin dar más explicaciones.
Alarmada, intentó contactar al actor que había contratado, pero cuando finalmente respondió, su voz sonaba tensa. Aléjate de él, fue lo único que dijo antes de colgar.
Ava decidió que necesitaba verlo con sus propios ojos. Se disfrazó de indigente y esperó a Walter en un restaurante. Cuando él llegó, se acercó tímidamente a pedirle ayuda.
Al principio, Walter le entregó dinero sin mirarla, queriendo deshacerse de ella rápidamente. Pero cuando Ava intentó tocar su brazo para llamar su atención, todo cambió.
Con desprecio, la empujó con violencia. Su mirada estaba llena de asco y odio.
Eres una molestia. Lo único que más odio en esta vida son los parásitos como tú, escupió.
Ava sintió que su piel ardía por la bofetada. Su corazón latía con fuerza, no solo por el dolor físico, sino por darse cuenta de la verdad.
Cuando los guardias del restaurante intentaron sacarla, Ava se quitó el disfraz y lo miró fijamente.
Soy yo, Walter, dijo con voz firme.
El rostro de Walter se tornó pálido. Tartamudeó intentando justificarse, pero Ava ya había tomado su decisión.
La boda se cancela.
Se marchó sin mirar atrás, dejando a Walter humillado y sin palabras.
Meses después, sus padres le presentaron a otro hombre, un joven apuesto y educado llamado Brandon. Pero Ava ya había aprendido la lección. Su intuición no fallaría de nuevo. Esta vez, ella tenía el control.